El aislamiento de conductos de climatización es uno de los elementos que más se pasa por alto en el mantenimiento de una instalación, a pesar de su impacto directo en la eficiencia energética. Un conducto mal aislado pierde parte del frío o el calor que transporta antes de llegar a la estancia que debe climatizar, obligando a los equipos a trabajar más para compensar esa pérdida.
Consecuencias de un aislamiento deficiente
Cuando el aislamiento de los conductos se deteriora o presenta fallos, aparecen fenómenos como la condensación superficial en climas húmedos, pérdidas térmicas que pueden alcanzar un porcentaje significativo de la energía transportada, y en algunos casos ruidos adicionales por vibraciones en las planchas metálicas. Estos problemas no solo afectan al confort de las personas, sino que se traducen directamente en un mayor consumo eléctrico de la instalación.
Cuándo revisar y renovar el aislamiento
Conviene inspeccionar visualmente el estado del aislamiento de los conductos accesibles al menos una vez al año, prestando especial atención a las zonas próximas a uniones, codos y pasos por falsos techos, donde es más habitual que se produzcan desprendimientos. La renovación del aislamiento tras varios años de uso, especialmente en instalaciones con conductos vistos o expuestos a la intemperie, es una inversión que suele amortizarse en poco tiempo gracias al ahorro energético que genera.
Para saber más
Un buen aislamiento se complementa con el estado de los filtros de los sistemas HVAC, otro elemento clave en el rendimiento global de la instalación. El IDAE recoge también ayudas y criterios de eficiencia energética aplicables a la mejora de instalaciones existentes: más información.
