En una residencia de mayores, la climatización no es solo una cuestión de confort: las personas mayores regulan peor su temperatura corporal y son más sensibles a los cambios bruscos, a las corrientes de aire y a los ambientes secos. Con la llegada del frío, la instalación debe garantizar temperaturas estables en habitaciones, zonas comunes y baños, sin descuidar la renovación de aire.
Temperatura, humedad y ventilación
Mantener una temperatura homogénea en todo el edificio, evitar diferencias marcadas entre pasillos y estancias y controlar la humedad relativa son claves para el bienestar de los residentes. Un aire demasiado seco favorece la irritación de mucosas, mientras que una ventilación insuficiente en otoño, cuando se abren menos las ventanas, deteriora la calidad del aire interior y aumenta el riesgo de transmisión de infecciones respiratorias.
Un mantenimiento adaptado a un uso continuo
Las residencias funcionan 24 horas al día, todo el año, por lo que las intervenciones deben planificarse para no afectar al servicio. Revisar la producción de calor, los recuperadores de calor, los filtros y los sistemas de agua caliente sanitaria antes del invierno reduce el riesgo de averías y asegura un entorno seguro para residentes y personal.
Para saber más
El agua caliente sanitaria es otro punto crítico en estos centros, como vimos en el artículo sobre aerotermia para ACS en hoteles y residencias. La OMS publica recomendaciones sobre la calidad del aire interior en espacios cerrados: consulta sus guías.
